Del QR al pedido, sin intermediarios
Con los pedidos activados, tu carta digital deja de ser sólo una carta: el cliente toca los productos, arma el pedido y lo envía. A vos te aparece en la pantalla, ya cargado.
Nadie transcribe nada, no hay malentendidos por teléfono y no hay comisión de plataforma: el pedido entra directo a tu sistema.

Publicá la carta y abrí los pedidos
Son dos interruptores distintos, en Ajustes → General. El primero publica la carta —el link y el QR empiezan a funcionar— y el segundo, Además, recibir pedidos, es el que habilita el carrito.
Podés tener el primero sin el segundo: la carta se ve, pero es de sólo consulta. Es lo que hace un bar que toma los pedidos por el mozo y usa el QR únicamente para mostrar la carta.

Decidí si hace falta registrarse
Con pedidos sin registro activado, el cliente sólo escribe su nombre y su teléfono. Sin él, tiene que entrar con su cuenta de Google o Facebook.
La recomendación es dejarlo activado: cada paso extra antes de confirmar es gente que abandona el pedido. La cuenta sirve para el cliente que vuelve seguido y quiere sus datos guardados.

Elegí cómo te llega
Acá está la decisión más importante, y hay dos caminos:
- Enviar por WhatsApp: el pedido se guarda en el sistema y además se abre el WhatsApp del cliente con el resumen escrito. Vos lo recibís como un mensaje. Es el más simple y el que todos entienden.
- Checkout completo: el cliente deja sus datos y puede pagar online con MercadoPago. El pedido entra directo, sin pasar por ningún chat.
Si estás arrancando, WhatsApp. Cuando el volumen crece, el checkout completo es el que te saca del teléfono.

Poné tu número de WhatsApp
Si elegís WhatsApp, hay un campo obligatorio: el número que va a recibir los pedidos. Va en formato internacional, sin el + ni espacios ni guiones.
Es el error más común de esta pantalla: con el número mal escrito, el cliente arma el pedido, toca enviar y no le abre nada.

El QR de la mesa y el link de delivery no son lo mismo
Esto es lo que más confunde, y conviene entenderlo antes de repartir links.
Si trabajás con mesas, el QR de la mesa abre la carta para esa mesa: el pedido entra asociado y el mozo lo ve en el salón. Pero el link general de tu carta, el que compartís por Instagram, no muestra el carrito: alguien que ve la carta desde su casa no está sentado en ninguna mesa.
Para eso está el link de delivery, que es el mismo menú con el carrito habilitado. Es el que va en tus redes y en el estado de WhatsApp.

Cuánto cobrás de envío
Si mandás a domicilio, se cargan dos números: el costo de envío y, si querés, el monto desde el cual el envío es gratis.
Los dos le aparecen al cliente en el resumen antes de confirmar, así que el segundo funciona como empujón: ver "envío gratis desde $30.000" cuando el pedido va $26.000 hace que se agregue algo más.

Si aceptás transferencia, cargá el CBU
En Ajustes → Pagos clientes se elige con qué te pueden pagar. Si dejás activada la transferencia, cargá el CBU o el alias: son los datos que se le muestran al cliente y los que salen en el ticket.
Activar transferencia sin cargarlos deja al cliente con un medio de pago sin destino, y a alguien de tu equipo dictándolo por teléfono.

Enterate en el momento
Un pedido que entra y nadie ve es un cliente perdido. Además de aparecer en pantalla, podés recibir un aviso por email en cada pedido nuevo.
Poné una dirección que alguien mire de verdad durante el servicio, no la casilla del contador.

Así lo completa tu cliente
Del lado del cliente son tres pasos: agrega productos, revisa el pedido y deja sus datos. En el modo WhatsApp la dirección es obligatoria; en el completo queda opcional, y si tenés MercadoPago conectado aparece además el selector de cómo paga.
Vale la pena hacer un pedido de prueba desde tu propio celular antes de publicar el link: es la única forma de ver lo que ve el cliente.

Dónde te aparece
El pedido entra a la pantalla que uses todos los días —el salón, el mostrador o el tablero de delivery— con una etiqueta Web que lo distingue de los que carga tu equipo.
En el tablero de delivery además suena un aviso. Desde ahí sigue el camino de cualquier otro pedido: a la cocina, listo, entregado.
