Cómo controlar el stock de tu kiosco sin volverte loco

Por TapSit · · 7 min de leitura · kiosco stock gestión

Un kiosco chico maneja entre 300 y 800 productos distintos. Alfajores, cigarrillos, gaseosas, golosinas sueltas, pilas, cargadores, fiambre si además sos almacén. La mayoría se vende de a uno y cuesta poco. Y esa combinación —muchos artículos, poco valor unitario, rotación alta— es exactamente la que hace que el control de stock tradicional no funcione.

Por eso la respuesta habitual del rubro es "lo llevo en la cabeza". Y funciona hasta el día que te quedás sin el Marlboro box justo el fin de semana largo, o descubrís que tenés 40 chicles de un sabor que nadie compra.

Esta guía no es sobre armar un inventario perfecto. Es sobre controlar lo poco que hace falta controlar para que eso no te pase.


Por qué el inventario completo fracasa en un kiosco

Contar todo, todos los meses, es el método que enseñan los manuales. En un kiosco tiene tres problemas prácticos:

La conclusión no es que el stock no sirva. Es que no todos los productos merecen el mismo control.


Empezá por el 20% que importa

La regla práctica es vieja y sigue siendo la mejor herramienta del rubro: en la mayoría de los comercios, alrededor del 20% de los artículos genera la mayor parte de las ventas. En un kiosco ese 20% suele ser bastante evidente —cigarrillos, gaseosas, cerveza, los tres o cuatro alfajores que vuelan, la carga virtual— y es lo único que necesitás mirar todos los días.

Un esquema que funciona:

Grupo Qué incluye Con qué frecuencia lo controlás
A Lo que más vende o más plata inmoviliza (cigarrillos, bebidas, los top 20) Todos los días, de un vistazo
B Rotación media (golosinas conocidas, snacks, kiosco general) Una vez por semana
C Cola larga: pilas, cargadores, artículos sueltos Una o dos veces al año

Si sólo hacés esto y nada más, ya resolviste el 80% del problema. El resto de la guía es cómo hacerlo sin que te lleve tiempo.


Poné un mínimo, no un número exacto

El error más común al informatizar el stock es querer que el número del sistema coincida siempre con la realidad. En un kiosco no va a coincidir: se rompe una botella, alguien se lleva un chicle, vendés algo sin cargarlo. Perseguir la exactitud te lleva a abandonar el sistema en dos semanas.

Lo que sí sirve es el stock mínimo: el número por debajo del cual tenés que reponer. No importa si el sistema dice 4 y hay 3. Importa que cuando llegue a 4, aparezca en tu lista de compras.

Cómo fijarlo, sin fórmulas raras:

Mínimo = lo que vendés por día × los días que tarda en llegar el proveedor + un colchón

Si vendés 6 latas de gaseosa por día y el proveedor viene cada 7 días, tu mínimo es 42 más un colchón razonable: 50. Si el repositor de cigarrillos pasa dos veces por semana, el mínimo de cada marca es mucho más bajo.

Dos ajustes que valen más que la fórmula:


El recuento rotativo: 20 productos por día en vez de 600 por mes

En lugar de parar todo una vez al mes, contá un puñado de productos por día. Diez minutos, en el rato muerto de la tarde.

Al cabo de un mes contaste todo, no cerraste el local ni un minuto, y —esto es lo importante— encontrás los desvíos cuando todavía se pueden explicar. Un faltante de seis unidades detectado a los tres días se puede rastrear; el mismo faltante detectado en el inventario anual es un número perdido.


Que el stock baje solo al vender

Todo lo anterior asume que alguien descuenta lo que se vende. Si ese alguien sos vos con un cuaderno, el sistema dura dos semanas.

La única forma de que esto se sostenga en el tiempo es que el descuento sea un efecto de cobrar, no una tarea aparte. Cobrás, y el stock baja. No hay un segundo paso, y por lo tanto no hay un segundo paso que saltearse un martes con mucha gente.

Ahí es donde entra el lector de código de barras, que en este rubro no es un lujo: es lo que hace que registrar la venta sea más rápido que no registrarla. Mientras cargar la venta a mano sea más lento que cobrar y guardar, el sistema va a perder siempre.

En TapSit funciona así: activás el stock en los productos que querés controlar —no hace falta en los 600— y cada venta del mostrador los descuenta. A cada uno le podés fijar su mínimo, y cuando llega o baja de ahí aparece marcado en rojo y entra al filtro Para reponer —que es, literalmente, tu lista de compras antes de llamar al proveedor. La carga inicial y los ajustes se hacen en cadena, con dos modos que conviene no mezclar: Recuento fija el saldo en lo que contaste (para arrancar y para corregir) e Ingreso suma lo que acabás de comprar. El paso a paso está en Cómo cargar tu catálogo.


Las tres pérdidas invisibles

Con el stock arriba de la mesa aparecen tres agujeros que sin él no se ven:

Vencimientos. Es la pérdida más cara del rubro y la más evitable. Regla mínima: al reponer, lo nuevo va atrás. Y una revisión de fechas por semana en los productos con vencimiento corto.

Diferencias de recuento. Cuando el sistema dice 12 y hay 9, y no fue rotura ni vencimiento, algo pasó: una venta no cargada, un error de carga, o mercadería que se fue. La cifra en sí no acusa a nadie. El patrón —siempre los mismos productos, siempre el mismo turno— es otra cosa, y es información que sólo tenés si contás seguido.

Capital dormido. El stock que no rota es plata quieta en un estante. Si tenés 40 unidades de algo que vendés dos por mes, ahí hay veinte meses de plata inmovilizada que le hace falta a otro producto.


El plan de dos semanas

Si hoy no llevás nada, no arranques por cargar 600 productos. Arrancá por acá:

Semana 1. Escribí tus 20 productos más vendidos. Contalos. Ponele un mínimo a cada uno. Nada más.

Semana 2. Sumá el resto del grupo A y empezá el recuento rotativo: 20 productos por día, diez minutos.

Del mes siguiente en adelante. Cargá el resto del catálogo cuando tengas un rato, y dejá que las ventas hagan el descuento. Para no tipear 600 productos a mano, TapSit tiene un padrón de más de 72.000 artículos: pasás el lector por el código de barras y el producto aparece con nombre y marca, y vos sólo ponés el precio. Si preferís, mandás tu lista en Excel, PDF o una foto y te la cargamos sin cargo.

Más sobre cómo queda todo esto en un kiosco o almacén: sistema para kioscos y almacenes.

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