Todo el salón en una pantalla
El mapa es el plano de tu local: cada mesa con su nombre, lo que lleva consumido y de qué color según cómo viene.
El color es lo que hace que no haya que preguntar nada. Naranja es que tiene un pedido en curso, amarillo titilando es que está esperando la comida, verde es que pidió la cuenta y gris es que hay que limpiarla. Desde la puerta se ve qué mesa necesita atención.

Sentá a los clientes
Cuando llega gente a una mesa libre, Sentar clientes. La mesa pasa a ocupada y arranca el reloj de esa atención.
No es un trámite obligatorio —podés cargar el pedido directo— pero es lo que hace que el resto del salón vea que esa mesa ya está tomada, sin que nadie tenga que avisar.

Tocá la mesa y cargá lo que pidieron
Un toque en la mesa abre el catálogo. A la izquierda las categorías, en el medio los productos, y a la derecha lo que va llevando la mesa.
Está pensado para cargar rápido de pie con el teléfono en la mano: los productos que no necesitan que preguntes nada entran al pedido con un solo toque.

Lo que hay que preguntar, te lo pregunta la pantalla
Si el plato tiene algo que definir, no se puede cargar sin definirlo. El punto de cocción de la carne es el ejemplo: es una opción obligatoria y el sistema no deja seguir hasta que se elija una.
En la misma pantalla están los adicionales con su precio (una guarnición extra, doble queso) y los modificadores rápidos —sin sal, para compartir— que se tocan en vez de escribirlos. Todo eso viaja junto a la comanda de la cocina.
Los que se cargan acá los definís vos cuando armás la carta. Si un plato siempre genera la misma pregunta, ponesela.

Revisá antes de mandarlo a la cocina
Lo que vas tocando se acumula a la derecha y todavía no salió a ninguna parte. Ahí se corrigen las cantidades o se saca algo que el cliente cambió de idea.
Recién al cerrar el panel el pedido se manda: aparece en la cocina y en el tablero. Esa separación es a propósito — es lo que evita la comanda a medias cuando alguien de la mesa sigue pensando.

Seguilo en el tablero
Abajo del mapa está la lista de pedidos activos con su estado. Cada uno trae una etiqueta con el canal por el que entró: Local el que cargó el mozo, Web el que hizo el cliente escaneando el QR y WA el que llegó por WhatsApp.
Los pedidos del cliente entran acá solos, sin que nadie los transcriba, y el badge rojo avisa cuando hay uno nuevo.

El cliente pide la cuenta
Pedir cuenta pinta la mesa de verde. Es la señal para el resto del equipo: esa mesa ya no pide más, está esperando que le cobren.
En un salón con varios mozos es lo que evita las dos fallas clásicas: que nadie vaya, o que vayan dos.

Cobrá
El cierre muestra el total de la mesa y con qué se paga. Si es en efectivo, escribís lo que te dio el cliente y el vuelto lo calcula el sistema; hay botones con los billetes más comunes para no tipear.
También está el descuento —porcentaje, monto fijo o atención— que pide un motivo, y el fiado para el cliente de cuenta corriente. Todo lo que cobres se suma solo a la caja del día.

Dejá la mesa lista para la siguiente
Cobrada la mesa, queda en gris: limpieza. Es un estado corto pero útil, porque distingue "libre" de "libre en cuanto pase alguien con el trapo".
Cuando está lista, Limpieza completada y la mesa vuelve a estar disponible.

Si una mesa no se puede usar
Se rompió una silla, la sombrilla no abre, esa mesa quedó abajo del aire. Fuera de servicio la saca del salón sin borrarla: no se le puede cargar nada y queda a la vista de todos por qué.
